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"Tenía dos voces en la cabeza, un diablo y un ángel, y no se daban cuenta de la estupidez."

Con una chispa en la mirada, Federer cuenta cómo, a los 13 años, rompió una malla en el Centro Nacional de Tenis Suizo al lanzar una raqueta y le castigaron haciendo trabajos extra durante una semana. A muy temprana edad, entendió que el control mental sería la clave para su futuro en el tenis. Trabajó duro para dominar ese difícil aspecto del juego, con la misma determinación que impone en sus servicios y su juego multifacético.

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